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Murales
TTG
Silvia
Listur
Mucho antes de la inauguración
del museogurvich,
quedó establecido el compromiso de realizar una
exposición en la que estuvieran presentes los
compañeros de Gurvich en el Taller, como reconocimiento
a la importancia del grupo tanto en la plástica
nacional y latinoamericana, como en la vida del propio
Gurvich, en la que fue determinante. Este compromiso
con los compañeros del TTG, es fruto de
aquellas relaciones personales y profesionales, en las
que se compartían vocaciones, talentos y una
visión del artista y del mundo que sus integrantes
extendían a todos sus actos como praxis de los
preceptos del maestro Torres y del sentimiento de pertenencia
a una Escuela.
A la hora de definir de qué
forma los reuniríamos nuevamente, nos encontramos
con la paciente investigación que ha realizado
la Sra. Cecilia Buzio de Torres, quien a lo largo de
más de treinta años ha trabajado incansablemente
reuniendo datos, documentando y luchando para que los
Murales del Taller no desaparezcan en muros envejecidos
o ante una mirada que no se detiene ni ahonda en la
importancia de los mismos. El convencimiento de que
estamos ante una forma de expresión que dentro
del Constructivismo de Torres merece una consideración
especial, nos ha llevado a hacer de esta oportunidad,
el intento de promover la reflexión de los uruguayos
en torno a lo sucedido con estas obras de características
sobresalientes.
Su especial vínculo con la nueva arquitectura
y la forma en que Torres entiende la integración
de su propuesta, explicitada claramente en el Documento
Una Decoración Mural en la Moderna Estética
Muralista de 1944, debe trascender los medios
académicos para que todos comprendamos a cabalidad
la profundidad de sus fundamentos.
Uno de los temas centrales que instalan
las vanguardias artísticas europeas a principios
del siglo veinte, es la búsqueda de una nueva
relación entre los distintos campos del arte
y la revisión del concepto mismo, para alejarlo
de su asociación con las llamadas "Bellas
Artes" y reformularlo en la búsqueda de
un principio unificador que pudiera aplicarse a todo
el entorno humano. Torres García había
tenido la oportunidad de compartir experiencias y debatir
con los principales exponentes del arte europeo de esa
época, de participar de la efervescencia intelectual
de Barcelona donde cultivó una estrecha amistad
con Barradas, Julio González, Joan Miró,
José Llorens Artigas, con el compositor Isaac
Albéniz, el periodista y escritor argentino Roberto
Payró, el poeta Salvat Papasseit. Trabajó
para Antonio Gaudí en las obras del templo de
la Sagrada Familia y en la Reforma de la Catedral de
Palma de Mallorca. Expuso en Galerías Dalmau
en 1912, 1917, 1918 y 1926.
En Nueva York conoció a Max
Weber y a Duchamp, expuso en el "Whitney Studio
Club" junto a Stuart Davies y Stanislaw Szukalski
y en la Galería Hanfstaengl. En París
se relaciona con Piet Mondrian y Theo Van Doesburg,
fundador de la revista De Stijl, conoce
a Hans Arp y su esposa Sophia Taeuber-Arp, a Kandinsky,
Jean Hélion y Jean Albert Gorin, trata a Juan
Gris, a George Braque, a Picasso, Le Corbousier y a
muchos artistas que frecuentaban los mismos circuitos
parisinos. En 1930, funda, junto con Michel Seuphor,
el grupo Cercle et Carré, que da
origen a la revista del mismo nombre y que reúne
las tendencias internacionales del arte abstracto.
Es la personalidad más signi.cativa en el arte
que llega a nuestras tierras y lo hace con la intención
de desarrollar de una nueva corriente estética
en el continente. En 1934, en el puerto de Montevideo,
Torres y su familia, son recibidos por intelectuales
y amigos, artistas y poetas, causando gran revuelo en
el medio, con titulares en la prensa, notas, conferencias
y entrevistas. En la ronda de primeros contactos de
Torres García, se encuentra la entrevista mantenida
con el Presidente Dr. Gabriel Terra y la serie de conferencias
que desarrollará en la Facultad de Arquitectura,
donde se hace cargo de la cátedra de Estética.
Dictará más de seiscientas conferencias
ante diferentes auditorios, reunidas en la publicación
Universalismo Constructivo: Contribución
a la unificación del arte y la cultura de América.
El ambiente cultural uruguayo muestra
muchas dificultades para recibir su propuesta. Luego
de dar a conocer su teoría del Arte Constructivo,
las opiniones se dividen y la Asociación de
Arte Constructivo integrada por destacados artistas
nacionales sucumbe. Sin embargo, es de señalar
que aún para los que estaban en desacuerdo con
sus ideas, la presencia de Torres contribuyó
positivamente obligándolos a analizar y a fundamentar
esos desacuerdos, Torres marca con su llegada, un antes
y un después en el país, su incidencia
en el arte nacional va más allá de la
creación de una escuela.
El tremendo esfuerzo de difusión
de sus ideas, en las que resumía lo más
importante de las vanguardias y de su proyecto en particular,
logró que un núcleo no muy numeroso de
personas, se sintiera motivado con sus puntos de vista,
con los nuevos planteos en relación al arte y
con sus iniciativas para impulsar un movimiento de arte
moderno en estas latitudes. Entre ese núcleo,
Torres interesa muy especialmente a un grupo de arquitectos,
quienes aceptaron con entusiasmo las ideas del maestro
y promovieron la presencia del arte constructivo en
diferentes proyectos, la mayoría privados, pero
también públicos como es el caso del Pabellón
Martirené del Hospital Saint Bois. Sin los arquitectos
que, como Carlos Surraco, Susana Morialdo, Ernesto Leborgne,
Ramón Menchaca, Mario Payssé, Rafael Lorente,
Antonio Bonet, comprendieron la asociación propuesta
y la visión integradora y universalista de Torres,
la existencia de los murales no habría sido posible.
Lamentablemente, sus intentos por lograr interés
en el desarrollo de su propuesta en espacios públicos
no prosperará, con la salvedad del Saint Bois
y el Monumento Cósmico (1938) del Parque Rodó.
Situación muy diferente fue
las de los muralistas mexicanos, quienes en las décadas
del veinte y treinta, en el clima de los cambios post-revolucionarios,
encontraron apoyo gubernamental para desarrollar su
trabajo. Los murales en México tuvieron como
fin, generar valores nacionales y revisar la historia
con la ayuda del impacto visual de estas obras de gran
formato y dramatismo. José Vasconcelos, primer
secretario de Educación Pública de México,
durante el gobierno de Álvaro Obregón
(1920-24), fue quien pidió a un grupo de artistas
jóvenes que pintaran en los muros de la Escuela
Nacional Preparatoria de la ciudad de México,
lo que consideraban la imagen de la voluntad nacional,
el testimonio y la denuncia social.
El Manifiesto del Sindicato Revolucionario de
Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores de México
en 1923 expresa "
repudiamos la pintura
llamada de caballete, todo arte de cenáculo ultra
intelectual por aristocrático, y exaltamos las
manifestaciones de arte monumental para ser de utilidad
pública. Proclamamos que toda manifestación
estética ajena o contraria al sentimiento popular
es burguesa y debe desaparecer porque contribuye a pervertir
el gusto de nuestra raza ya casi totalmente pervertida
en las ciudades".
Treinta años después
cuando se construyó la Ciudad Universitaria,
Diego Rivera, Juan O´Gorman, Clemente Orozco y
gran parte de los representantes de las vanguardias
mexicanas de los veinte, fueron convocados para que
continuaran con esta tradición plástica.
Éste es un ejemplo claro de la diferencia en
relación al interés oficial por integrar
propuestas artísticas a grandes proyectos arquitectónicos.
Las diferencias también son manifiestas en otros
planos, en la propia propuesta de Torres desde el punto
de vista estético y de los fines que perseguía
el Universalismo Constructivo.
TG deseaba encontrar un lenguaje,
darle a su país y a su región una identidad
estética y cultural al mismo tiempo que deseaba
marcar un camino para que el arte no se transformase
en un "arte para artistas" o perdiese su sentido
trascendente en las nuevas corrientes. Torres encuentra
en Montevideo, "una ciudad moderna, gente educada
y elegante". En la lección 26 del "Universalismo
Constructivo", manifiesta que su deseo había
sido "traer un criterio artístico que
estuviese a la altura de todo lo demás, decía:
Vi que había un enorme trabajo para hacer en
ese sentido, que había un enorme desequilibrio
entre ese hombre y esa mujer culta que están
al día en todo menos en arte (
)".
Su objetivo era crear un movimiento a la vanguardia
de la abstracción geométrica en América
Latina y conciente de lo ambicioso de su propósito
fundamentaba que sin aventura la civilización
corría el riesgo de entrar en decadencia. Torres
sostenía que si el artista lograba encontrar
el orden geométrico y sintetizarlo para volverlo
la idea del objeto, haría del objeto despojado
de su materialidad un concepto universal.
Por otra parte el arte constructivo
de gran escala, tenía las condiciones ideales
para estar en total armonía con la arquitectura
moderna y con esas bases establecidas, trabajaron sus
alumnos, primero para el Saint Bois y luego en la serie
de murales que hicieron en años posteriores.
Cuando TG debe situar su proyecto de acuerdo
a los acontecimientos, renunciando a sus aspiraciones
más ambiciosas, nos dice en su Lección
13 de La recuperación del Objeto:
"Y si me imaginé que podría ser
viable aquí entre nosotros y que hubiese bastado
el iniciar a los mejores, para que lo enseñasen
donde les conviniese y ahí dotar a nuestro país
en una arte decorativo completamente original y de acuerdo
con el verdadero arte plástico, un sentido de
cultura superior, ya saben Uds. como fracasé
en todo eso y cómo dejando aparte tan bello sueño,
me puse a enseñar la pintura". El Taller
fue la plataforma de Torres, fue el lugar en el que
sus alumnos se formaron sólidamente para encontrar
más tarde sus caminos y los Murales del TTG
son fruto de esas enseñanzas. La Escuela de
Sur y sus seguidores fueron quienes tuvieron la
sensibilidad y la convicción para hacer suyos
esos ideales que hoy son huella y rastro de algo que
nos define como región. La exposición
que presentamos ofrece al visitante murales que por
diferentes circunstancias están en condiciones
de ser expuestos fuera de su emplazamiento original
y que ha sido posible traer a nuestro espacio de acuerdo
a sus medidas.
Se ha buscado dar una visión
de las diferentes propuestas plásticas y técnicas
utilizadas por los distintos artistas, en el marco del
Constructivismo: bajorrelieves, frescos, mosaicos, cementos,
cerámicas, maderas, realizados en colores primarios,
tierras, etcétera. Por lo tanto la selección
de los murales expuestos conjuga interés y oportunidad,
las posibilidades de traslado sin riesgos nos ha hecho
resignar la presencia del "Homenaje a Lautrémont"
de Francisco Matto recientemente trasladado a José
Ignacio, el tamaño incompatible con las salas
del museo tampoco ha permitido la exposición
de otras importantes obras que fueron generosamente
ofrecidas para esta oportunidad. De todos modos nos
consideramos muy afortunados de poder presentar las
maravillosas obras expuestas que esperamos sean invitación
para localizar las que se encuentran en los muros a
las que fueron destinadas, así como las que están
en nuevos entornos que aseguraron su perdurabilidad
y cuidado o identificar las que se perdieron definitivamente.
Se exponen proyectos y bocetos de
distintos integrantes del Taller, de murales realizados
o no, que son testimonio del impulso y la dinámica
creativa que significó la búsqueda de
espacios en los cuales los principios del Universalismo
Constructivo pudieran ensamblarse con distintos proyectos
arquitectónicos. El criterio
de selección seguido en este caso, ha sido el
mismo con el que se manejaba el maestro en el Taller,
no se han hecho distingos entre sus integrantes. Estas
obras muestran su gran riqueza y el rigor como exigencia
para llevarlas al formato mural con sus desafíos
técnicos y de escala.
Hemos considerado de interés
mostrar también fotografías de murales
en el momento de su realización y completar esa
visión con un relevamiento del estado actual
de muchas de esas obras. Relevamiento que sin ser exhaustivo
permitirá sensibilizar en relación al
importante número de obras realizadas, que esperan
ser revisadas, investigadas desde una óptica
diferente y que en algunos casos de forma imperiosa
necesitan ser restauradas. Para completar la información
se exponen materiales de archivo, artículos de
prensa, documentos, testimonios y se invita a realizar
un recorrido por diferentes lugares de Montevideo y
Canelones donde se encuentran murales constructivos.
Cuántos de nosotros conocemos el ex Seminario
de Toledo, hoy Escuela Militar, obra del arquitecto
Payssé en la que fueron incluidos murales y vitrales
de Horacio Torres? Obras que por su dimensión
y belleza deberían tener presentes todos los
uruguayos como motivo de especial orgullo.
Si realizáramos un recorrido
de búsqueda por el país, descubriríamos
que muchos edificios cuentan con murales maravillosos
como los del Liceo de Las Piedras, como el de Gurvich
en el Banco de Previsión Social, como el de Alpuy
en el Liceo Dámaso Antonio Larrañaga,
como los de Dayman Antúnez desperdigados por
todo el territorio nacional, como los de Augusto Torres
y Alceu Ribeiro en el Sindicato Médico del Uruguay,
como los de Dumas Oroño, de Mattos, de Guillermo
Fernández, de Ragni, de Manuel Pailós
y la lista es enorme felizmente, porque se trató
de un movimiento en el que los integrantes del Taller
de Torres realizaron un importante número de
obras significativas. Son piezas que parecen cuentas
de un collar roto, que espera ser hilvanado por una
mirada que las integre a lo mejor del arte americano.
Obras de Ernesto Vila, Elsa Andrada, Quela Rovira, Edgardo
Ribeiro, Rosa Acle, José Collel, Juan Pardo,
Teresa Olascuaga, Julián San Vicente, Esther
Barrios, Sergio de Castro, Daniel de los Santos, García
Brunel, Julio Mancebo, Jonio Montiel, Manuel Otero,
Edgardo Ribeiro, Rodolfo y Sergio Visca, Manuel Aguiar,
Cristy y Pedro Gava, Celeste Núñez, Carlos
Llanos, Edwing Studer, Gastón Olalde, entre otros
integrantes cuya lista estará presente en la
muestra.
El camino del rescate de los murales
del Hospital Saint Bois es un ejemplo a transitar. Para
fortuna de todos, hoy podemos apreciarlos en la Torre
de Comunicaciones de Antel, con la ausencia terrible
de los siete murales del maestro Torres García,
perdidos en el incendio del Museo de Arte Moderno de
Río de Janeiro en 1978. Estos murales fueron
magníficamente restaurados por Domingo Giaudrone
junto a Luciani y Nigro como colaboradores y fueron
expuestos en el Museo Nacional de Artes Visuales en
1974. Luego partieron a la exposición de Torres
en el Museo de Arte Moderno de la Villa de París,
realizada entre junio y Agosto de 1975, permanecieron
en Francia durante tres años y de regreso a Uruguay
en Río, se quemaron. El trabajo realizado por
el Taller de Restauración de la Comisión
de Patrimonio es una escuela y una constatación
de que cuando existe voluntad política, idoneidad
técnica, compromiso y continuidad en las tareas
asumidas, los resultados son magníficos. Es de
destacar la contribución realizada por familiares
y amigos de diferentes integrantes del TTG quienes en
muchos casos han tomado la iniciativa y asumido los
costos para la remoción y restauración
de muchas piezas, entre ellas los murales de José
Gurvich que hoy se exponen en nuestro museo.
En este punto debemos recordar a
Eduardo Irrisarri, persona muy allegada al TTG, integrante
de la Fundación Torres y de la Fundación
Gurvich, quien durante toda su vida luchó
y colaboró con sus conocimientos, para que estos
murales no se perdieran, quien junto a Joaquín
Ragni y Cecilia de Torres formaron una Comisión
para el rescate de los murales del Saint Bois a la que
luego se sumaron Mª Laura Bulanti de Garramón,
Ignacio Risso, Carlos Stapff, Margarita Arteaga de Previtale
y Horacio Castells, quienes trabajaron junto al Estado
uruguayo, para hacer posible la restauración
de los murales del Saint Bois. Este rescate físico
deberá extenderse a otras obras, inventariándolas,
restaurándolas, iluminándolas, pero también
deseamos que el rescate profundice en el pensamiento
de Torres García.
Un rescate enmarcado en una política
de conservación y promoción de las artes
en ámbitos públicos, propiciando el contacto
directo de las obras y sumando obras de actualidad a
las del pasado. Nuestra sociedad pareciera haber desarrollado
una displicencia negadora que resulta muy injusta con
nosotros mismos y con nuestras capacidades, con lo que
somos por haber sido como fuimos y esa incapacidad de
vernos, lamentablemente paga un precio muy alto en confianza
hacia el futuro. Nuestro museo desde su inauguración
se ha propuesto establecer una relación estrecha
con la comunidad y en la medida de nuestras posibilidades
contribuir a trasmitir la historia de nuestra sociedad
con responsabilidad y sentido de pertenencia.
Estamos persuadidos de que nuestra
identidad se transforma en forma permanente de acuerdo
a la forma en que somos representados y tratados por
los sistemas culturales, que esa identidad responde
a lo que pensamos sobre nosotros mismos y a la manera
en que construimos nuestro discurso. ¿Cómo
no focalizar entonces en la significación de
la prédica de Torres García quien en febrero
de 1935, nos habla de la creación de un movimiento
artístico autónomo en el continente americano,
centrado en los principios de la modernidad? ¿Cómo
no traer al presente el espíritu de sus permanentes
cuestionamientos, de sus enseñanzas y exigencias
en el compromiso de ver y entender el arte? ¿Cómo
eludir a Torres cuando muchos pensadores hablan de "lo
local" y "lo global" sin darnos pistas
inteligentes de elaboración teórica, como
si la globalidad fuese una especie de determinismo hacia
el anonimato periférico que se constata y se
describe?
El Universalismo Constructivo de
Torres toma como lenguaje la abstracción y el
referente prehispánico surge de la elaboración
teórica , no de la presencia local de la raíz
precolombina, ausente en estas latitudes y en la peripecia
personal de Torres García. La elección
y apropiación de símbolos y signos de
las culturas precolombinas fue parte de la construcción
de ese lenguaje que pretendía universal a partir
de una identidad regional y geográfica que ubicaría
a estas culturas americanas, al mismo nivel que las
de la antigüedad clásica y de sus contribuciones
al arte, al decir de Mari Carmen Ramírez. Esta
manera de recolocar la cultura americana del pasado
y del presente tiene en Torres un avanzado, no sólo
en el plano de la creación artística,
sino en el del pensamiento. La síntesis de Torres
no es una fusión fruto del encuentro de dos culturas,
sino de una línea de pensamiento y de una estética,
en el que fueron contempladas las respuestas necesarias
para un arte que consideraba en crisis en la dinámica
del siglo XX.
La necesidad de responder a lo que
consideraba un arte agotado, fue clara en un período
en el que Torres aún se mantenía en diálogo
con Europa, son múltiples las cartas y discusiones
con colegas europeos del neoplasticismo, en especial
con Theo Van Desbourg. En su libro Estructura6, dedicado
a Piet Mondrian 1935), Torres- García critica
al cubismo precisamente por no ser un lenguaje universal
y critica también a Mondrian por caer en el vacío.
Cuando su propuesta estética y su escuela estuvieron
conformadas de acuerdo a las condiciones que nuestro
medio ofrecía, el Universalismo Constructivo
caminó solo, con el peso de sus fundamentos y
se estableció como el lenguaje de una escuela,
en tanto el arte continuaba en la búsqueda permanente
de caminos en los que se debatirá a perpetuidad.
Aún hoy, en una época en la que los debates
sobre cultura y poder se han centrado en los efectos
institucionales de la producción-circulación-recepción
de las obras, parece pertinente señalar una vez
más, la singularidad y autonomía en la
producción de pensamiento latinoamericano de
Torres García y la importancia de las obras del
TTG como aporte no solo al arte sino a la cultura latinoamericana.
Cuando Gerardo Mosquera en "Cambiar
para que todo siga igual" sostiene que "el
Tercer Mundo sufre de una incapacidad de autolegitimación
artística. Viene de un déficit logístico,
pero también de la falta de autoafirmación,
de iniciativa de dentro hacia fuera y de afianzamiento
de epistemes propios"7. Nos queda concordar con
sus aseveraciones, pero también reclamar para
Torres y su Taller otro tipo de reconocimiento: el de
la elaboración de una propuesta y una estrategia
fundamentada en la más pura teoría.
Creador de una propuesta singular,
de un movimiento artístico que ha devenido en
ser uno de los más sólidos del modernismo
americano y que conceptualmente se acerca a los postulados
de la actualidad: un arte no basado en la diferencia
sino desde la diferencia, en el que se producen versiones
plurales, se construye desde experiencias y culturas
que modifican el lenguaje artístico internacional.
En la primera mitad del siglo XX la relación
de Uruguay con el resto del mundo se establecía
en pie de igualdad; para los uruguayos el mundo era
global por la interacción de múltiples
factores en diversos campos, por el tipo de inserción
que tuvimos y no por la circulación de la información
a nivel planetario como en la actualidad. Fue un tiempo
en el que no sentíamos las brechas sociales y
económicas en nuestra sociedad como las vivimos
hoy, tiempos en los que los uruguayos no se veían
como integrantes de un pequeño país perdido
en el mundo en el tipo de relación que establecemos
con el exterior.
El mapa invertido de América
no pareciera tener para Torres, el carácter de
reclamo tercermundista- interpretación válida
en el presente - sino la intención de marcar
un polo, otra interpretación por cierto, pero
como sustento de esta hipótesis tenemos el traslado
de Torres desde Europa a estas tierras y la localización
de su proyecto fuera de los centros. La propuesta de
Torres no tuvo aceptación fácil en el
país, tampoco sus ideas fueron consideradas relevantes
entre sus viejos amigos europeos, pero a la luz de los
caminos recorridos, la de Torres hoy resulta una propuesta
aleccionadora por la persistencia en sus convicciones,
el peso y significación de las obras de su Escuela
y por sus expectativas iniciales: colocar al Uruguay
a la vanguardia del arte.
Debemos asumir las pérdidas,
aceptar que nuestra sociedad no entendió la aventura
que Torres trajo a estas tierras, que la desidia y la
irresponsabilidad ha llevado a la destrucción
y deterioro de una obra fundamental. También
debemos reconocer que en nuestros afanes restauratorios,
hemos sido poco rigurosos al no respetar las intenciones
que hacían de estas obras y su emplazamiento
una unidad.
Por otra parte el Pabellón
Martirené nunca podría volver a ser el
mismo sin los siete murales perdidos en Río,
ni en el estado en que se encuentra. Hoy sólo
queda como obra integral el ex Seminario de Toledo,
actual Escuela Militar, magnífico testimonio
en perfecto estado de conservación salvo por
los azares y aconteceres de su uso. A pesar de estas
salvedades, resulta innegable que la impronta de Torres
y su Taller está presente mucho más allá
de lo que se podía prever en aquellos años
iniciales, lo encontramos en importantes colecciones
públicas y privadas, como referente incuestionado
cuando es analizado en profundidad el arte del siglo
XX. En un ámbito más local lo vemos en
objetos cotidianos, representándonos en actos
oficiales de proyección internacional, es parte
de nosotros y de nuestro sello país.
Al decir de nuestra querida Totó
Gurvich: "Fue un movimiento fundamental para
la plástica y para nuestra identidad. Aunque
los detractores fueron muchos, cuanto más transcurre
el tiempo más se afirma y se revela la importancia
de Torres y sus discípulos en el país
y el mundo" Si el esfuerzo por colocar este
tema en ámbitos más amplios, mereciese
la respuesta de jóvenes estudiosos, del gobierno
y del público que con su entusiasmo haga suyo
el interés por preservar y jerarquizar este movimiento,
en la dimensión reconocida por muchos investigadores
nacionales y extranjeros, habríamos logrado contribuir
con la necesaria revisión colectiva de este patrimonium.
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