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14 OCTUBRE 2010
Naturalezas Muertas. José Gurvich
CURADORA: CECILIA DE TORRES

Octubre 2010 - Enero 2011
Salas 3, 5 y 6

 

La naturaleza muerta en la pintura de José Gurvich

Mi iniciación en la pintura fue frente a una mesa llena de objetos en el sótano del Ateneo cuando allí  funcionaba el Taller Torres-García.  José Gurvich guiaba mis torpes intentos de hacer arte, cuando al final de los años 50 enseñaba dos veces por semana dibujo y pintura. Gurvich arreglaba varios cacharros y utensilios de cocina de manera que en nuestros primeros pasos en el dibujo del modelo tuviéramos que aprender a medir las proporciones del alto, ancho y profundidad, tratar las sombras como una forma, diferenciar la relación de un volumen con el próximo y muchas cosas más. Y todo con los ojos entrecerrados para percibir sólo lo más importante, sin detenernos en detalles fútiles.

A pesar de que no me dediqué a pintar, las lecciones de Gurvich no cayeron en el olvido, en cada visita a un museo o galería, cada vez que estoy frente a una pintura, oigo nuevamente sus palabras. Gurvich no enseñaba la letra sino el espíritu de la pintura;  cómo sentir el alma de cada cosa, y a expresar con el óleo la emoción que los colores y las formas de esos objetos causaban. Y ahora, tantos años después, frente a las naturalezas muertas de este prodigioso pintor, todos los recuerdos se agitan en mi memoria. Veo los objetos pintados en un cuadro y reaparecen en mi mente, como si cada uno hubiera tenido personalidad propia por obra de la magia de Gurvich. 
Estos objetos tan cotidianos, a los que estamos tan acostumbrados, Gurvich nos los revela en armonías de luz y color, y en combinaciones de formas inesperadas porque cada una de estas naturalezas muertas es como un microcosmos, en cada una creaba una manera nueva de representar ese mundo de cosas.  El conocimiento profundo de cada objeto, su verdad, a través de la experiencia del sentir cada forma, su sombra o el reflejo  de la luz en su superficie, el color y el tono que suscitan en el pintor, es lo que diferencia el arte de la simple reproducción fotográfica académica. 

Gurvich viajo mucho y vivió en prolongadas estadías en Israel, en varios países de Europa y finalmente en New York donde falleció en 1974. En cada ciudad se las arreglaba para encontrar un lugar donde pintar, sin embargo la mayoría de estas obras fueron pintadas en Montevideo, en su pieza  frente al puerto, y luego en el taller del Cerro.  Son propiamente obras de taller, que necesitan del recogimiento y de la estabilidad de la vida cotidiana, conviviendo con los objetos conocidos, porque si la creación comienza con desiciones conscientes, son los actos rutinarios, como la preparación de la tela, el mover los cacharros  y arreglarlos; las acciones inconscientes son las que permiten que el subconsciente se libere.

Gurvich tenía en su taller varias jarras; una azul y blanca de Talavera que había comprado en Toledo, otra blanca que tenía escrito ½ Litro. También había un bol blanco cascado en el borde,  el molinillo de café, la caldera esmaltada azul y una cafetera  roja marca SUE, y la espumadera , una canasta que usaba de panera, varios cacharros de barro,un quinqué, la tabla de picar, la damajuana... El se iba identificando con las formas de los objetos casi sin darse cuenta, y por eso cuando los pinta tienen una verdad interna y expresiva que se manifiesta en las diversas maneras que los representa.

¿A que se debe el poder de evocación tan poderoso de estas pinturas?  Por ejemplo,  cuando veo el infaltable Primus con una caldera de agua encima, en la acuarela de 1953,  el olor a yerba mate mezclado con el del alcohol azul para prender el Primus y el del kerosene, y el vapor del agua hirviendo, me transportan a las tardes de invierno en el Taller del Cerro. Esta empatía del artista con el modelo la describe Matisse en una carta a su hijo Pierre: aquí estoy  en medio de mis flores y frutas, familiarizándome con los objetos de una naturaleza muerta, sin esfuerzo, casi sin darme cuenta, esperando el momento de infatuación que llegara inevitablemente.  


Naturaleza muerta con caldera roja
Acuarela y tinta / papel, 30 x 21 cm
1953

Justamente, lo que se desenvuelve ante nosotros en esta exposición de naturalezas muertas, es el poder tan único de este pintor de crear en cada tela un nuevo sistema, un nuevo orden. Por eso Cézanne decía que pintar del modelo, no es copiar lo que se tiene delante, sino que es realizar en la tela las sensaciones que las cosas suscitan en el artista.   En una serie de pequeños apuntes a tinta y lápiz de naturalezas muertas, Gurvich iba anotando las ideas que surgían al dibujar. Al pie de un apunte por ejemplo escribió: “un algo que se une con otro algo. Intuición.” Y en otros, “valorización y recreación del objeto”, o “Expresión de la forma en el orden, invención”, y en un apunte mas frontal y mental: “estoy trabajando por aquí”.  Gurvich estaba obsesionado por comprender los mecanismos internos de la creación artística, estos pequeños papeles son la evidencia del intenso proceso de estudio que Gurvich efectuó con la naturaleza muerta, y que eventualmente le condujeron a encontrar, como ėl mismo lo decía, “su propia voz”.  

Desde las primeras que pinto; una de 1945 en esta exposición por ejemplo, del año en que Gurvich ingresó al Taller, la huella de su personalidad única es ya evidente. A pesar de que esta obra  tiene todas las características de las que se pintaban por docenas  en el Taller: la paleta oscura, las líneas negras que delinean los contornos de los objetos, y la composición tradicional integrada por cosas de texturas y formas variadas, las pinceladas rítmicas son propias de Gurvich.  
El arreglo de las cosas en esta pintura estaba calculado para enseñar a pintar las sombras y la luz del trapo blanco en el primer plano, el brillo metálico del cuchillo y su posición en diagonal, las curvas y la luz en las frutas esparcidas por la mesa. El jarro azul es el ejemplo de la separación  entre el dibujo y el plano de color que Torres-García había impuesto para enseñar desde el principio a pintar abstrayendo.   

Gurvich ingresó al Taller cuando David Julber, su maestro de violín, le habló de Torres-García y le presentó a su hijo Horacio. El estudio de la música tuvo una importante incidencia en la pintura de Gurvich, tanto en las obras figurativas como en las no figurativas.  El pequeño homenaje a una pieza musical favorita, (el cuarteto de cuerdas № 12 en sol menor número  127 de Beethoven), un cuadro en el que pintó un fragmento de su violín y una partitura musical, nos recuerdan lo importante que fue la música para él, quien, en un momento tuvo que decidir entre dedicarse enteramente a ella o abandonarla por la pintura.  Una vez tomada su decisión a favor de la pintura, puso mucho esfuerzo en tratar de encontrar equivalencias entre las leyes de composición musical y las visuales.
Guillermo Fernández, comparaba a Gurvich pintando con un director de orquesta, “ hace entrar las notas, los instrumentos, arma la música...1 Ya en estas naturalezas muertas Gurvich establecía un motivo, como en un concierto, sobre el que  ejecutaba variaciones de acuerdo a un orden y un ritmo que su visión iba dictándole. Por ejemplo las líneas rojas, negras, blancas y ocre que delinean los objetos en, se convierten en el principal elemento de la composición, o las rayas horizontales y verticales en una gama de tierras que atraviesan a los objetos en  o la doble línea de colores .
Estas pinturas demuestran que Gurvich no se limitaba a percibir las cosas únicamente desde un punto de vista pictórico, sino a interpretarlas a través de una idea que conlleva a una forma concreta. En esta concreción se manifiesta la originalidad de la voluntad del artista por plasmar claramente la imagen intuida, tal como se concibió; única e inusitada.


Naturaleza muerta con violín
Óleo / cartón, 29.5 x 41 cm. Sin fecha

A finales de los años 50, Gurvich logra total control y conocimiento de su oficio, entonces fue cuando escribió que su necesidad de aventura  surgía de una impostergable inquietud interior. Los 60 son años claves en el desarrollo de su personalidad artística, en los que florece toda la experiencia acumulada de sus años de aprendizaje y cuando las ideas que imaginaba se concretaron en su pintura.  Comenzó por experimentar con gran variedad de materiales y técnicas con seguridad y soltura. Recorta las formas de los objetos en collages en los que combina construcción y pintura. La rigidez  del cartón le impone un tratamiento de simplificación y formas angulosas,  y una concepción geométrica. En un óleo  de composición muy similar a los collages de cartón es evidente la diferencia entre la línea modulada y sensual del pincel y la dura del corte.

Gurvich también hace referencia a diferentes aspectos de la naturaleza muerta a través de su historia; esta apropiación es evidente en dos pinturas de 1958 en las que pintó una calavera, y una vela,  que en los bodegones holandeses de los siglos 16 y 17, llamaban Vanitas por su significado simbólico de transitoriedad y muerte.  Gurvich los reinterpretó con gran vigor gestual en la pincelada y con sombras dramáticas en las cavidades de la calavera y la jarra blanca. 

Naturaleza muerta con cráneo y candelabro
Óleo / tela, 24 x 30 cm
1958
Naturaleza muerta con cráneo
Óleo / tela, 42 x 53 cm
1958

También replantea  las convenciones del cubismo;  en varias pinturas de 1952 colocó la mesa frente a la ventana de su pieza del puerto, y tal como hizo Picasso en varias obras de 1919, Gurvich  reproduce el arabesco de la reja del balcón y la ventana abierta.  Y agregó el frutero con peras  y uvas, motivo muy repetido en las composiciones cubistas, también una jarra con un ramo de calas. Hay que admirar la espontaneidad con que pintó una nube, que es solo una pasada de pincel cargado de blanco y que sugiere el aire que entra por la ventana abierta. En manos de Gurvich, los objetos que el cubismo había fraccionado en trozos, cobran un nuevo aspecto pleno y lleno de frescura y hasta con una pizca de humor.   Porque  lo que Gurvich llamaba “el juego creador” se inspiraba en la actitud de ver las cosas con la mirada fresca de un niño,  y que es evidente en esta obras ejecutadas con gran libertad de concepto y ejecución.

Los artistas del Taller creían en la idea de Cézanne, que los pintores se consideraran artesanos de su propio arte, que conocieran a fondo el oficio de pintor utilizando los materiales con soltura. Gurvich había hecho copias de Velázquez y Goya en Madrid, y en pinturas como la magnífica Naturaleza muerta con huevos, demuestra su conocimiento y dominio de la técnica para recrear la manera de los maestros flamencos. Las sombras profundas, los colores ricos y oscuros, los varios tonos de blanco de diferente valor de luz; una luz rasante que proviene del lado izquierdo de la composición, tal como la que entra por la ventana en las pinturas de Vermeer. Hasta en el arreglo y la elección del modelo, se percibe la intención de reconstruir con sus pobres objetos,  las opulentas stilleven holandesas, cargadas de flores, frutas, comida, platería y porcelanas.  Sin embargo la fineza sublime de la ejecución la distingue de una simple copia. 


Naturaleza muerta con huevos y paño
Óleo / tela, 47 x 75 cm
1962

Gurvich retrabajó esa composición de diferentes maneras; la misma jarra, el mismo bol cascado la misma copa con vino, la misma luz plateada y el fondo gris oscuro, en la  pintura Naturaleza muerta construída (1960)   se re configuraron en una obra moderna, frontal, sintética. Y el mismo arreglo se convierte en una obra constructiva en donde los objetos están fraccionados por una estructura.  En estos dias en New York en el Museo de Arte Moderno, hay  una muestra sobre el proceso de evolución en la pintura de Matisse entre los años 1913 y 1917, 2 donde  se exhibe una copia que en 1893 Matisse hizo de una tela del maestro holandés Jan Davidsz de Heem, (1606-1684) y la transformación espectacular en un óleo que Matisse posteriormente pintó en 1915 titulado “La desserte”.


Naturaleza muerta construída
Óleo / cartón, 53 x 85 cm
1960

Esta apropiación y transformación se asemaja a lo que Gurvich hizo con su propia versión del bodegón flamenco. Según John Elderfield, Matisse en esta recreación estructurada, quizás la más de toda su pintura, se medía con el cubismo reinante entoces y contra el que su pintura, a base de color, se comparaba.  Gurvich igualmente somete su bodegón a la cuadrícula del constructivismo, para quizás disciplinar con la estructuración su avasallante imaginación y necesidad de expresión.
Dos obras sorprendentes: Naturaleza muerta en blanco y negro, y Naturaleza muerta con elementos sueltos, se diferencian de las demás por la distorción de los objetos. A pesar del delicado color tornasolado y el suave modelado, la luz que ilumina estos cacharros deformados es irreal. La composición es frontal, y los objetos que están arreglados en una estructura invisible y suyacente comparten un espacio mental. La tabla de picar, la jarra, la tetera, un vaso, un embudo tan familiares, son apenas reconocibles porque parecen hechos de una materia blanda que se deforma. Lo extraordinario es que por la lógica de su elaboración no parecen una arbitrariedad.


Naturaleza muerta con elementos sueltos
Óleo / cartón, 41 x 47 cm
1959

La fecunda imaginación de Gurvich, que el mismo describió como galerías sin fondo; un mundo insospechado en el que bogo lleno de angustias y alegría,  buscaba una manera nueva de ver.  Estas naturalezas muertas, en las que desplegó gran variedad de colores, combinaciones y sistemas constructivos,  unidos a la claridad, poesía y gracia de su visión,  son las precursoras de las magníficas obras que realizó con el pleno dominio de su propia voz a partir de 1965.
Cecilia de Torres

1 - Daniel Rovira Alhers Proximidades, testimonios sobre José Gurvich, Fundación Gurvich, 2003 p. 125

2 - Matisse Radical Invention, 1913- 1917 MoMA, 2010, p 254.

 
   
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